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Intervencionismo y subprime: vaya camelo

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ColaboracionesPiensa en Liberal
Escrito por Gonzalo Botas   
martes, 09 de septiembre de 2008
Image Escuché esta tarde que la decisión de nacionalización-intervención de ciertas entidades financieras en los Estados Unidos de América era un ejemplo de nacionalización o de intervencionismo estatal que demostraba que cuando las cosas se ponían feas, era el Estado quien debía proteger los intereses de los ciudadanos El enunciado podría pasar por verdadero si no fuese porque:

a)     El Estado ha intervenido a favor del mercado financiero, de las entidades financieras y del capital que se encuentra detrás de ellas.

b)     Con esta actuación, ha perjudicado a los particulares que deben dinero a esas entidades financieras, es decir a los prestatarios de las hipotecas subprime.

c)      Ha beneficiado a quienes se han saltado las leyes del mercado.

Esta actuación que pasa por intentar proteger a los individuos, en el fondo sólo protege a los grandes capitales, porque los individuos, los particulares de clase media y clase media baja, es decir, el 70% de la población, no tienen un saldo positivo con las entidades financieras, por lo que si estas quiebran y entra en riesgo el acreedor, esos particulares saldrían beneficiados, porque existirían potencialmente miles de hipotecas sin titular, sobre todo aquellas que no debieron nunca darse, las subprime. Hipotecas que no es que fuesen por más valor que el bien hipotecado, eso no es problemático si el prestatario puede pagar, sino que se trataba de hipotecas que tenían una prima de riesgo muy alta, aquellas que esencialmente no iban a ser pagadas. Y esas obviamente en un procedimiento concursal, es probable que no se las adjudique nadie y los particulares que deben ese dinero dejen de deberlo al no existir acreedor, sobre todo si la insolvencia es definitiva.

En una hipótesis de mercado financiero liberal, sin posibilidades de intervención del Estado, esas hipotecas no habrían sido concedidas nunca, pues nadie en su sano juicio arriesgaría una entidad financiera con productos no rentables. Es la expectativa de intervención estatal la que permite asumir riesgos no razonables sobre la premisa de la asunción por el estado de esas perdidas extremas en favor de un mercado intervenido.

Sin la intervención inicial de regulación y control del Estado no se justifica su intervención para cuando fallan los mecanismos de control. A la inversa, sin ese intervencionismo inicial del Estado, ante la ausencia de ese mecanismo final de salvaguarda de la existencia del mercado, este quedaría en manos exclusivamente del propio interés de los operadores para evitar que sus empresas quiebren.

Y la conclusión es clara, con un estado más pequeño y con menos posibilidades de intervención la asunción de riesgos irracionales por los diversos operadores existiría una mayor seguridad jurídica, ello sin descartar además que la falta de posibilidad de intervención del Estado evita las intromisiones a favor de los lobbies y de los grupos de presión que se mueven en la trastienda del Estado.

En esencia, cuantos menos controlen el poder mejor, y si el Estado es pequeño fraccionamos del poder, y con un poder más fraccionado, más libertad e igualdad. Y con más libertad e igualdad, más justicia.

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