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Liberalismo

Liberalismo en la España del Siglo XXI (i)

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ColaboracionesPiensa en Liberal
Escrito por Gonzalo Botas   
lunes, 24 de marzo de 2008
ImageUna nueva generación de liberales ha venido naciendo en España desde finales del XX hasta hoy. Permítanseme, sobre ello, unas reflexiones a vuela pluma.

Es lo que Girauta define en su libro como la Eclosión Liberal. Un liberalismo de corte anglosajón, o así nos gusta creerlo, que engloba a la práctica totalidad de una generación que no respira ideológicamente el guerracivilismo. Una generación que ha vivido, al menos desde su uso de razón, en democracia, una generación que comienza a sentirse estafada por las gaitas ideológicas del izquierda-derecha. Una generación de terceras vías, liberales puros, libertarios, y hasta neocons que de todo hay.

 

Así lo veo, huyendo de posicionamientos dogmáticos y más o menos convencionales, una generación que cree en le individuo, una generación que entiende el liberalismo como dispersión del poder, como evitación tanto de la concentración de este en un estado demasiado fuerte, como en un capitalismo sin controles en el que grandes corporaciones nos gobiernen sin que nos enteremos.

Una generación que por esa confianza en el individuo, les pide a los políticos que el estado se dedique a lo que debe, vg, aquellas áreas donde la iniciativa privada no es efectiva, no es eficiente, o simplemente no deben quedar en manos privadas. Se me objetará que esto es tanto como no decir nada. Puede que se vea así, pero esta percepción es errónea, lo dicho es mucho.

En efecto, el liberalismo de la eclosión exige que se definan los sectores estratégicos que en economía justifiquen la presencia pública –que no el monopolio- como puede ser el sector energético.

Lo mismo ocurre con la sanidad y la enseñanza, en los que la presencia pública preeminente es indiscutible, pero en los que debería reducirse la presencia del estado, en todas sus formas, en lo que atañe a prestación del servicio, y sobre todo a contenidos, limitándose en mucho casos a una función de control –hablo de educación-.

La educación es una cuestión en la que es preciso un debate para la liberalización en extremo, liberalización que permitirá enfocar los esfuerzos públicos no hacia los planes de estudio, sino hacia los medidos en la enseñanza pública, liberalización en la que la libertad de cátedra lo sea, valga el ejemplo, hasta en matemáticas; liberalización que evite los reinos de taifas y el control administrativo de las lenguas que se imparten, el cómo se cuenta la historia y si la enseñanza es segregada o no. Cada uno debe poder decidir el lugar y la forma en que educa a sus hijos.

Si venimos de una enseñanza religiosa intervencionista, la solución no puede, ni debe ser nunca el intervencionismo estatal, sino debe ser la libertad de elección, la libertad de decisión, cada uno para que escoja la que le guste, religiosa, aconfesional o laica, la que quiera, y en la lengua que quiera, Castellano, Catalán Vascuence, Frances, Inglés, Chino o Swagili. Y porque no también, si uno lo exige, educar y formar a sus hijos él mismo, en su casa.

La sanidad es otro, pues ocupamos un lugar de privilegio con una sanidad que heredó la posición de la sanidad Inglesa del XIX, tenemos hoy la mejor sanidad del mundo, con centros públicos que son punteros y ejemplares, pero también con otros privados que los igualan. Sanidad que por ello, debe formar parte de una redefinición que permita mantener esa posición y no quedarse atrás anclada en viejos esquemas que pueden ser más un obstáculo que una barrera de seguridad.

Una sanidad en la que se siga invitando o permitiendo a los buenos médicos prestar un servicio público mientras obtiene una adecuado reconocimiento y honorarios adecuados por su trabajo. Una sanidad que permita también al personal auxiliar, sanitario y no sanitario no ser moneda de canje político, en suma una sanidad integral con el esfuerzo de todos y a costa de nadie.

Este liberalismo huye de etiquetas y por ello es difícil definirlo, lo suman muchas inquietudes, muchas cabezas dispuestas a pensar, con ideas, sin axiomas ni estereotipos, independientes hasta de si mismos. Muchas personas que reclaman un sitio en la política como el que tiene en la sociedad, donde puedan aportar y contribuir al desarrollo de la sociedad según su forma de ver la vida, el mundo y las relaciones con sus semejantes.

Un liberalismo no individualista que ve en la globalización una oportunidad para crecer como hombres, más que un problema migratorio o generador de desigualdades. Una globalización, basta ya de mentiras, que no acrecienta las desigualdades, sino que sólo nos las enseña.

Una globalización que nos permite anticipar los problemas del futuro y que nos permite conocer los problemas lejanos, y que hace que no nos sean ajenos, que nos debería permitir huir de los convencionalismos de la descolonización, para ayudar a resolver los problemas de los demás. Ayudar es la expresión, pues ni somos parte del problema, ni somos culpables de los problemas ajenos, pero si podemos ayudar a resolverlos, ayudar a que no se conviertan en propios, ayudar a aquellos que en esos lugares problemáticos o conflictivos están dispuestos a trabajar para solucionarlos. No a actuar como dioses, sino con espíritu fraternal y con la unión suficiente para que sea efectivo.  

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