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Liberalismo

Liberalismo en la España del Siglo XXI (ii)

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ColaboracionesPiensa en Liberal
Escrito por Gonzalo Botas   
miércoles, 26 de marzo de 2008
ImageLa sensibilidad religiosa del liberal es un tema pedregoso, yo diría que de canto rodado de río mojado y con musgo, pongámonos unas buenas botas, voy bien calzado, y a dar resbalones.

Leía el otro día –confieso que no sé exactamente donde, creo que aquí- algo así como que Zapatero, estaba buscando un nuevo al “César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” por medio de la supresión de la religiosidad para lograr que todo fuese del César. No recuerdo la literalidad (es un de los problemas de la cantidad de información que hoy manejamos, al final lo mezclamos todo sin poder fijarlo adecuadamente), pero el postulado que me pareció, amén de acertadísimo- tremendamente oportuno-, ya que es obvio que este intento de privar al hombre de su espiritualidad, en suma de cosificarlo, pretende dejar un hueco que llenar con ideologías caducas, no deja de ser puro socialismo práctico. Esa cosificación del ser humano es la que luego permite convertirlo en un herramienta del estado, y finalmente, del poder. Nos suena a algo el gran simio blanco, más de lo mismo por otro frente.

Frente a ello, el individuo, piedra angular de la reconstrucción del liberalismo actual, como ser pleno y suficiente, debe responder, alzar la voz y poniendo cada parte de si en su lugar, reclamar su derecho a ser uno, como, donde y cuando quiera.

Y ese ser uno mismo en la vida pública y privada, y de conformidad con nuestras leyes, con la norma suprema del ordenamiento jurídico español, supone básicamente entender que España es un Estado aconfesional, no laico. Y esa aconfesionalidad, como predicamento esencial de nuestra Carta Magna, supone el respeto a todas las creencias, y supone el respeto a esa parte del Ser Humano que nos diferencia de el resto de los animales, que nos permite discernir –con acierto o no- el bien del mal; nos permite escoger entre el gato blanco o el negro por algo más que porque cace ratones. En suma esa aconfesionalidad, es al final, por oposición a laicidad, un reconocimiento al ser humano como ser pleno, con su aspecto material y su aspecto espiritual. Y ese reconocimiento al ser humano pleno, es el que nos permite, por medio del humanismo que entraña reconocer su trascendencia, digo es el que nos permite, que el individualismo base y sustento del liberalismo, no se exceda en forma de individualismo materialista. Es que el nos exige respeto al prójimo, y entronca, aunque cueste verlo, con los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad que reivindica el zapaterismo al tiempo que los traiciona.

Que más de cien años después de superado el racionalismo positivista nos tengamos que replantear esto, demuestra que esta sociedad hiperacelerada no fija los conceptos, no supera los debates y que todavía hoy se debate entre Dios y el estado. Más de dos mil años después.

Y en ese debate, la derecha ha picado, como pica siempre, porque el liberal reclama unos partidos políticos que dejen espacio al respeto al individuo, al humanismo que convive en el Católico, el Anglicano, el Prostestante, el Musulman, el Hindú, el Agnóstico, el Ateo, un humanismo aconfesional que no vive bajo las sotanas, pero tampoco las arranca, un humanismo de respeto fraternal en la que el ser humano no se vea obligado a huir de su espiritualidad porque la identifique con algo antipático, cargado de obligaciones, o que sirva para distinguirse. Esa es la cultura liberal, esa es la cultura que ha nacido en Occidente al socaire de la Iglesia y al pairo de la Curia.

En suma, este liberalismo, como yo lo entiendo, precisa que las opciones políticas suelten amarras de dogmatismos religiosos y de filiaciones excluyentes para que cada uno sea libre de aceptar su religiosidad y la de sus iguales aunque no sea la misma. Y que un Católico Practicante –que no Fariseo- como yo, puede y de hecho congenia, con sensibilidades espirituales distintas, ateos, agnósticos, musulmanes, cristianos no practicantes como ellos se definen, aunque realmente quieren decir no fariseos. En suma, que el liberalismo exige hoy, respetar que cada uno rece, o no, a su dios, o no, sin que ese aspecto de su persona mediatice su vida pública, como ya hoy no lo hace en su relación con los demás. Que se acepte a ateos cristianos como se definía Orianna sin que eso suponga un trauma para nadie.

¿Porqué, nos preguntamos, la convivencia real en libertad liberal, no se traslada a la vida pública? Será que es más fácil, o más cómodo, ignorar esa faceta del ser humano.

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