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¿En qué nos hemos convertido los abogados? ¿Qué pasa con la Justicia?

img_03081.jpgSeñores, me duele mi profesión, me duele la justicia.

En los últimos dos días he colgado en mi Facebook dos noticias que afectan a la justicia y que me han producido una enorme alarma, la primera son los gravísimos incidentes ocurridos en el Colegio de Abogados de Madrid, que es un poco menos Ilustre desde ayer; y cuyos colegiados, son también un poco menos abogados, los unos por haber dado un más que bochornoso espectáculo y los otros por permitirlo. El otro incidente que me ha llamado la atención por la gravedad es, el hecho relativamente no infrecuente de que un magistrado, poco juez, haya entrado en colusión de intereses en un asunto importantísimo sometido a su jurisdicción, impartiendo clase en un Máster Universitario que dirige y coordina uno de los abogados de ese importantísimo asunto.

Pero todo esto, no ocurre en un momento cualquiera, ocurre cuando se ha producido una de las peores medidas adoptadas por un político, por los políticos, contra la justicia, contra el derecho de defensa y contra los derechos ciudadanos ( también porqué no decirlo abiertamente, contra los abogados españoles), hablo de las tasas.

Que en un momento de especial trascendencia para nuestra profesión, los abogados del más importante –por numeroso y por ubicación geográfica- colegio de abogados de España, en lugar de poner sus esfuerzos en luchar contra una ley injusta y gravísima, que atenta contra la Justicia y contra nuestros intereses; se enzarcen en una lucha fratricida lamentable por el poder de ese colegio, actúen como miserables, como vulgares mafiosos, como tratantes de ganado o como subasteros, (y discúlpenme estos dos civilizados colectivos), debe ser el síntoma de que algo se está olvidando, perdiendo definitivamente.

Que los jueces y los abogados saltemos a la prensa no por nuestro buen hacer sino por un intento de comprar voluntades por medio de cursos organizados por y para asuntos ajenos a la justicia y a nuestra labor me abochorna. Advierto que lo que más me abochorna es el corruptor, mucho menos que el corrompido, las debilidades humanas me son comunes y tolerables, la maldad de algunos me resulta absolutamente repulsiva.

Hemos de entender que el abogado es algo más que un mero gestor de negocios propios y ajenos, algo más que un picapleitos, algo más que un mero asesor jurídico; el Abogado es, o debe ser, la pieza esencial de la Justicia; el Abogado es, o debe ser, el garante frente al Estado de los derechos de los ciudadanos –y de las empresas-; el Abogado es, o debe ser, el primero y el último defensor de la libertad, el eslabón más fuerte y el más débil del ciudadano con la libertad; el más fuerte porque debe resistir allí dónde su cliente quiebra, y el más débil porque debe romperse allí dónde el cliente lo necesite sin ser nunca un obstáculo; el Abogado no actúa para sí, nunca actúa para sí (recordad el viejo aforismo de que nadie es buen abogado de su propia causa, o su  versión jocosa de que quien se defiende a sí mismo, tiene un tonto por Abogado).

 

Y hoy, la función del Abogado no pasa por ese “lobbismo” de intereses que han llevado a cabo en ese Máster degradando la función a los fines en lugar de preocuparse por los medios, convirtiéndose en vulgares chantajistas, en mafiosos; tampoco la función del abogado es enredarse en reyertas por el poder colegial, sino ponerse al servicio del compañero que lo necesita, sin comprar voluntades con platos de lentejas –o tickets de taxi-.

Si esas son las reglas, si en eso nos hemos convertido, es que las cosas están mucho peor de lo que parece, es que la sociedad está mucho más perdida de lo que creemos. No es ya que los políticos actúen en su propio beneficio, en lugar de en beneficio del ciudadano; no es ya que las leyes no se hagan para proteger a los ciudadanos sino para domeñarlos; es que, quienes somos el dique de contención frente a esos excesos y desmanes del poder, hemos desertado de nuestra función, nos hemos roto, hacemos agua por los cuatro costados, y ese es el peor pecado que un abogado puede cometer, plegarse a formas e intereses bastardos y ajenos a su labor, plegarse al poder.

Como fiel seguidor del jurista venezolano Couture, tengo fe en la libertad, y creo que finalmente si todos luchamos por ella, la libertad y la justicia triunfarán, esa es hoy nuestra lucha, más que nunca.

Os dejo la cita literal del maestro, su octava del decálogo: “Ten fe. Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia
humana; en la Justicia, como destino normal del Derecho; en la Paz como substitutivo
bondadoso de la Justicia; y sobre todo, ten fe en la Libertad, sin la cual no hay
 Derecho, ni Justicia, ni Paz.

Oviedo a 19 de noviembre de 2012.

 

 

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Comentarios

Un comentario en “¿En qué nos hemos convertido los abogados? ¿Qué pasa con la Justicia?

  1. creo que llego el momento de la justicia a dos velocidades una para ricos y otra para pobres. ha dejado de ser justicia .

    Publicado por manuel | diciembre 19, 2012, 22:57

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