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Actualidad, justicia, Liberalismo

¿Está agotado el sistema? ¿O nosotros?

Estos días en los que los partidos parecen estar a punto de estallar por los aires y en que todo parece indicar que sí, sentimos un cierto desconcierto.

Echando la vista atrás, este fin de semana comentaba con un amigo que no es que se viniera venir, ni que hiciese falta un c.i. de 150 para darse cuenta, es que simplemente cotejando las personas que hace veinte o veinticinco años -cómo pasa el tiempo- comenzaban a introducirse en la cosa pública, lo verdaderamente raro hubiera sido otro resultado.

En efecto, los que tenemos entre cuarenta y cuarenta y cinco años, los que a comienzos de los noventa hicimos nuestros primeros pinitos políticos y nos alejamos después más o menos hastiados de lo que encontramos porque en nuestro esquema moral no encajaba lo que entonces vivimos, tampoco podemos extrañarnos. Cierto es que el gobierno de Aznar * pareció algo distinto, pero fue poco más que un espejismo, una excepción a valorar en lo personal, principalmente.

Digo que no podemos extrañarnos porque todos, casi todos, fuímos esos niños que en los ochenta descubrimos la bella palabra libertad, fuimos en su busca a los partidos políticos y nos quedamos sorprendidos porque allí no estaba. Allí había servilismo, pelotas, lametraseros, aprendices de nada, y sobre todo y principalmente, mucha, muchísima mediocridad, un cursus honorum aberrante que no aceptamos. También había gente buena, muy buena, pero no han llegado tan lejos tiempo después.

Nuestros amigos nos decían que eramos unos soberbios, que si tan buenos éramos nosotros y tan malos ellos, no entendían porque perdíamos en la competencia interna; qué dificil explicar que tú habías terminado la carrera, comenzabas a trabajar y aplicabas muchas horas en tu trabajo, que tu interés en la política era bestial, pero tu dedicación había de ser residual, vivías de ota cosa, o lo intentabas y no podías permitirte el lujo de invertir tanto tiempo como ellos. Algo fallaba.

Hoy han pasado muchos años, demasiados, y estamos enfadados con los políticos, que son los mismos que estaban y llegaban entonces; cuando en realidad estamos enfadados con nosotros mismos por no haber gritado entonces que esto se veía venir, cuando lo vimos venir y no tuvimos ni las ganas ni la paciencia de dar la batalla, cuando no fuimos capaces de vencerlos.

Y esa es nuestra rabia, dudando que ahora vayamos a ser capaces de vencerles, estamos frustrados con una situación que vimos venir y no supimos prevenir.

Pero como decía Burke en el año 1.770: “cuando los hombres malos se combinan, los buenos deben asociarse, aunque caerán uno por uno, sacrificándose sin pena en una lucha nada despreciable”.

* supongo que allí donde yo indico Aznar, otros pondrán otro nombre, ello no cambia el sentido ni la realidad de lo que digo, solo el punto de vista. Podría poner a Esperanza Aguirre o a algún otro.

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