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Carlos Slim gracias (de nuevo) como decíamos el 21/11/2012

Carlos Slim. ¡Gracias! (De nuevo)

Decíamos hace mas de dos años muchas cosas movidos por la ilusión y la esperanza que supuso su aparición en el Real Oviedo. Un club que parecía destinado a perderse.

Volvemos a estar inmersos en el ruido que genera la ilusión del ascenso como entonces lo hizo su aparición. 

De nuevo no pretendo alabarle o alegrar su oído pirque bien poco le importará mi opinión, dudo siquiera que lea esto. 

Permítame usarle como excusa oportunista para explicar a quien me lea que usted demuestra día a día, la importancia del individuo y de la libertad, pirque usted ha podido hacer en el Real Oviedo lo que la administración pública y los políticos no fueron capaces de hacer.

Releo que entonces me referí a la Escuela de Salamanca, para explicar el valor moral del empresario que genera riqueza; para de nuevo reconciliar nuestra moral con la realidad del mercado. 

Pero esta vez no quiero quedarme en categorías genéricas, esta vez es necesario explicar también que ha sido su saber hacer (y el de la gente que le rodea, muestra del suyo propio) el que tras llegar y obsevar tomó las decisiones adecuadas para el fin. Ese mérito distingue la inteligencia. La suya. 

Nunca entenderé los motivos de alguien como usted para embarcarse en este lío.. En cualquier caso gracias de nuevo. Y para que conste dejo de nuevo escrito lo que hace ya dos años puse negro sobre blanco. 

Sr. Slim le doy las gracias por algo mas que lo que todo Oviedo le agradece estos días. Obviamente se la doy, porque con su inversión ha contribuido de forma decisiva a lo que otros intentaron y no pudieron. Es de las pocas personas que puede hacer lo que ha hecho sin buscar beneficio personal por ello. A usted no le hace falta, y lo hace por motivos altruistas y sociales, o al menos eso he entendido de sus palabras, o de las palabras de quienes han hablado en nombre, o en su representación.
Hay mucho ruido estos días con el tema y tardaremos unos pocos más en serenarnos y entender lo que usted ha hecho por este club, por esta ciudad y por esta región. Región, ciudad y club pequeñitos que de su mano, o gracias a su mano, podrán recuperar parte del esplendor que precisan.
Pero no pretendo hacer el panegírico que sin duda merece. pretendo hacer el panegírico de los hombres que han tenido éxito empresarial y económico, y de los que simplemente lo han intentado. Para ello me valdré de muy nuestra y olvidada “Escuela de Salamanca” de la que ustedes emigrantes a una América sin complejos son un fiel exponente.
La Escuela salmantina es quien frente a las órdenes mendicantes, mantiene que la propiedad privada no es mala, y eso allá por los siglos XIII y XIV. La Escuela de Salamanca es quien, frente al rechazo que el dinero y el mercado producen en las órdenes religiosas, en la Iglesia y en la sociedad católica española hasta nuestros días, explica por primera vez la teoría subjetiva del valor que rige el mercado y la acepta como moralmente no reprochable, es la que entiende que el que genera riqueza está haciendo un bien a la sociedad, es la que al final, defiende a los emprendedores que son capaces de ganar dinero con su trabajo, con su empresa, con sus ideas; porque es la Escuela de Salamanca la que reconcilia a los emprendedores con la moral católica. Años después la reforma hará lo mismo, pero esa es otra historia.
Y de eso hablo y quiero hablar, de que esta aparición de un empresario de éxito, de mucho éxito; y de las bondades de ser un empresario de éxito, o incluso de ser un empresario. Y quiero hablar de ello porque el empresario es la figura central de nuestra economía y de nuestro mundo. El empresario es quien mueve el mundo, con sus ideas, con su pericia, con su trabajo. El empresario y no el político es quien nos sacará de la crisis, como al Oviedo.
Comencemos por agradecer a la Escuela de Salamanca que nos permita afirmar que no nos hacemos ricos por quitar a los demás lo que es suyo, que nos hacemos ricos por generar riqueza y quedarnos una parte de la que generamos, y eso es bueno y justo; y eso hace que el empresario de éxito no sea un explotador que cosifica al ser humano convirtiéndolo en mercancía; porque el empresario no comercia con hombres, sino con el producto de nuestro trabajo, el empresario nos paga un precio por nuestro trabajo, por lo que producimos; y si producimos mejor cobraremos más porque nuestro trabajo vale más.
Puede objetarse que hoy en día las reglas no son así y que hemos llegado a este punto por la lucha contra la explotación; y es cierto que ese ha sido el camino, pero no porque sea el bueno, sino porque es el que hemos escogido en la lucha de clases de la revolución industrial, porque hemos aceptado equivocadamente que se nos pague por horas, no por producto, y digo equivocadamente, porque al final, para adaptarnos a la realidad nace el autoempleo -que permite cambiar el producto de nuestro trabajo por su valor subjetivo- y demuestra que el camino de horas/dinero era equivocado y que beneficia a los malos trabajadores en detrimento de los buenos. El autoempleo adapta la relación de trabajo a su real valor conmutativo y no redistributivo.
Pero vuelvo, si un empresario tiene éxito es simplemente -o debería ser- porque hace mejor su trabajo que otros, porque hace mejores productos a mejor precio, porque es más eficiente y genera más riqueza para sí y para sus buenos trabajadores; y porque al final son las sociedades regidas por estos principios las que terminan por triunfar; y de eso debemos ser conscientes, de tal forma que adaptando nuestra forma de pensar nos olvidemos del empresario explotador y aceptemos al empresario “generador de riqueza” y de valor para la sociead, aceptemos que las reglas de la economía son las que son. Esto es, que el valor de un bien como objeto de tráfico económico nada tiene que ver con su coste de producción, sino que depende de su valor subjetivo, esencialmente oferta y demanda; y que el empresario que no es capaz de adaptarse a ellas desaparece y con el sus empleados.
Así pues, Carlos Slim, y los que son como él, que pueden salvar con su dinero las cosas buenas que tenemos, ayudar a Oviedo y ayudar a Asturias, son empresarios -respetables por el mero hecho de serlo- que han logrado generar riqueza y que cuando se les deja -y no se les obliga- devuelven a la sociedad con creces lo que de ella han obtenido, lo devuelven todos los días en forma de miles de puestos de trabajo y cuando se les presentan la oportunidad salvando cosas buenas.
Las gracias se las doy a Carlos Slim de nuevo, porque al salvar al Real Oviedo, no sólo ha devuelto la ilusión a una ciudad y a una región, sino que ha permitido visualizar lo positivo del empresario, visualización hoy imprescindible, pues hasta que no cale en la sociedad la imagen positiva del empresario, hasta que no recuperemos a la olvidada Escuela de Salamanca, no seremos capaces de ocupar el lugar en el mundo que antaño tuvimos, lugar del que son dignos herederos estos hijos de una Hispanidad que hoy nos enseña el camino para salir de la crisis, no son rajoyes, mucho menos zapatitos, es gente como Carlos Slim, y otros muchos que con su día a día y su buen hacer pueden ir creando puestos de trabajo, generando riqueza en beneficio de todos.
Y le deseo a Carlos Slim la tranquilidad y libertad necesarias para que pueda desarrollar sin ataduras lo que para esta club tenga pensado, y a los políticos que aprendan a no molestar a los generadores de riqueza.

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